Para nadie es un secreto que en los últimos tiempos muchas personas viven, en términos generales, en la postura hedonista.

Hedoné es una palabra griega que significa placer. Fue una postura filosófica promovida por Epicuro y sus seguidores. Proclamaban que la felicidad está en la experiencia del placer sensible y en la ausencia del dolor y del sufrimiento.

Expresión típica de la postura hedonista moderna, que se caracteriza ya no por ser teóricamente profunda, sino superficialmente vulgar, es la siguiente: "Sólo hay una vida y ésta hay que vivirla al máximo, plenamente". Es característica propia del error fundamentarse en una verdad. El error por sí no existe. La frase anteriormente citada tiene algo de razón, pero sólo algo; porque si bien es cierto que sólo existe una vida, la vivencia máxima de ella no se reduce a la experiencia del placer sensible, ya que el ser humano como tal no es pura sensibilidad, es decir, no sólo es cuerpo, sino que también existe en él una parte espiritual que se manifiesta en los actos intelectuales, los de la voluntad y con un manifestación muy importante de la afectividad, por ejemplo, en los actos libres que, para que sean tales es necesario que la persona que los realiza los piense y los quiera hacer.

La postura hedonista reduce la vivencia del ser humano. Además es una postura que causa lo mismo que quiere remediar: insatisfacción del gusto sensible. El hedonista moderno, como sólo busca "vivir plenamente la vida", siempre se encuentra a sí mismo en la insatisfacción existencial, es decir, tiene experiencia de la vivencia del "vacío existencial" del que nos habla el psicólogo Víctor Frankl. Y esto sucede porque el hedonista moderno olvida las características inherentes a todo placer sensible: intenso, efímero, limitado, incompleto.

Ontológicamente, todo placer es bueno. Moralmente no. Aún así, los placeres nos aportan cierto grado o nivel de felicidad. Los placeres pueden darse o no darse como resultado de realizar acciones que nos placen o agradan. Pero son eso, resultado de la acción debida. Cuando se busca el placer por el placer mismo, el resultado placentero puede llegar a frustrarse, originando insatisfacción constante y en muchos casos, daños físicos, pues nuestra parte orgánica y corporal, puede llegar a quedar seriamente resentida en la experiencia de la búsqueda del máximo placer posible. En otros casos se pierde hasta la vida.

En no tomar en cuenta las características propias que todo placer sensible conlleva en sí mismo, radica el error del hedonista, y es porque, buscando el máximo placer posible, al encontrarlo, le parecerá pequeño y temporal y entonces se lanzará a la búsqueda de otro placer más grande, entrando así al círculo vicioso de querer vivir la vida al máximo, pero a través de placeres sensibles que por su naturaleza son mínimos. Curiosamente está no es una verdad afirmada por la filosofía o la psicología de cualquier corriente, sino que es un hecho constatado en toda experiencia humana.

Sentimiento común del hedonista es que "está lleno de nada y vacío de todo". El hedonista rechazará todo aquello que le exija un esfuerzo y sólo optará por lo que le resulte agradable a su gusto sensible. Gusto que no es fino, educado y cultivado, sino que sólo se ha quedado en la vulgaridad de la ignorancia, también viciosa: rechaza conocer sabores, olores, sonidos, porque "no le gustan". Siendo el gusto sensible vehículo del conocimiento, no conoce las cosas más altas y excelsas, sino los lodos mal olientes de los que él, el hedonista, considera de su agrado.

El hedonista es consumista de todos aquellos bienes materiales que considere le ayudarán a remediar su ansía de placer. Consume bienes fungibles, que son los bienes que se acaban con el uso. Otro círculo vicioso: ningún bien le parecerá definitivo, ya sea por incompleto, por caduco o por que ya pasó "de moda".

Hedonismo y consumismo van de la mano y devienen en permisivismo. El hedonista dice para sí: "Prohibido prohibir". Y aquí, además de postura viciosa, es ya claramente contradictoria y absolutista. El hedonista, en su permisivismo, "prohíbe" que le "prohíban". El si puede prohibir, los demás no. La actitud moral se convierte en moralismo contradictorio.

Es curioso que los asambleístas del Distrito Federal que aprobaron la ley que despenaliza la interrupción del embarazo antes de las doce semanas de gestación (y que gracias a la misma se permite abortar, dicho así sin eufemismos manipuladores) ahora se preocupan por la salud de las personas y se han sacado de la manga una ley que prohíbe fumar en espacios cerrados.

Distrito Federal: Abortar sí, fumar no. Si usted quiere abortar, venga, hágalo, pero apague su cigarrillo, pues además de que se está causando daño a sí misma (y a su bebecito ¿Pues qué no se ha dado usted cuenta que esta embarazada? ¡Vaya, mujer, qué inconsciencia la suya!), les causa daño a otros que inhalan su humo y a todos ellos, pobre gente indefensa, tenemos el deber de protegerlos de fumadoras abortistas como usted. ¡Faltaba menos!

Por: Humberto Carrillo

(Tutor Presencial de la Maestría y Calificador de la Licenciatura)

Fuente: Aqui